La Música Protesta, que ya no protesta.

La Música que revolucionaría una época y ahora pasa a segundo plano.

En la actualidad, se mueve la cosa política, como es conocido en esferas, nacionales como internacionales; sin embargo en el mundo persisten las guerras, la desigualdad y la injusticia, y la música lenguaje de mi piel, y de la piel de muchos que en una época las canciones políticas era el modus operandi de protesta. Un libro recuerda la época dorada de esta música.

Cuando Billie Holiday,  apodada Lady Day, fue una cantante estadounidense de jazz. Junto con Sarah Vaughan y Ella Fitzgerald, está considerada entre las más importantes e influyentes voces femeninas del jazz. El crítico Robert Christgau consideraba que era inigualable y posiblemente la mejor cantante del siglo y Frank Sinatra la consideraba su mayor influencia e cuestionablemente la influencia más importante en el canto popular estadounidense de los últimos veinte años. cantó por primera vez Strange Fruit (Fruta extraña) a mediados de los años treinta, la música de protesta aún era considerada un fenómeno ajeno a lo popular. Hasta entonces se trataba de canciones entonadas en mítines políticos, reuniones sindicales, huelgas y marchas, pero pocas habían trascendido ese nicho y ninguna se había convertido en un éxito comercial.

En ese tránsito, las canciones evolucionaron. Al principio eran casi exclusivas del folk –la música basada en los sonidos y ritmos tradicionales de Estados Unidos–, pero gracias a Bob Dylan y más adelante a John Lennon (con Give Peace a Chance), comenzó a ser interpretada por bandas de rock, rap e incluso artistas pop. Para el periodista musical Manolo Bellón, eso también se debe a los cambios demográficos de la época: “Hasta los años cincuenta, la música protesta en casi todo el mundo se basaba generalmente en estilos folclóricos tradicionales que tenían un gran arraigo campesino y rural. Pero en los sesenta y setenta, cuando el mundo se urbaniza, la música protesta cambia y se empieza a hacer con el ‘rock’”.

En América Latina, mientras tanto, varios artistas ya incluían mensajes políticos y sociales en sus canciones. Además de Víctor Jara –perseguido y asesinado en 1973 por el golpe militar de Augusto Pinochet–, la chilena Violeta Parra, los argentinos Mercedes Sosa, Atahualpa Yupanqui y Facundo Cabral, e incluso los colombianos Ana y Jaime o Pablus Gallinazus se inspiraron en la desigualdad social, el surgimiento de movimientos guerrilleros y las dictaduras en algunos países del Cono Sur para componer sus letras.

la canción protesta fue perdiendo poder de convocatoria. Nunca desapareció, pero dejó de ser el movimiento influyente y poderoso de otros años. Por eso, y a diferencia de lo que pasó con la guerra de Vietnam, la ocurrida en Irak o la de Afganistán, las canciones políticas fueron más bien pocas. American Idiot (2004) o Wake Me Up When September Ends (2004) de Green Day fueron algunas de las excepciones. Por eso, aunque la canción protesta –un concepto que, de hecho, molesta a algunos músicos– ya no tiene la misma relevancia de hace unas décadas, es muy difícil que desaparezca. En efecto, muchos artistas aún creen que su música es un vehículo para denunciar la situación política y social en la que viven sus contemporáneos. En fin, para cambiar el mundo.

Fotografía: Señalmemoria