Más allá del Miedo

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Recuerdo cuando era pequeña, aproximadamente unos 7 años junto con mamá y abuela solíamos ir a visitar a una persona muy cercana a ellas, había un trayecto de camino que era una zona que carecía de alumbrado y las pocas bombillas con una iluminación vaga tenían una gran distancia entre poste y poste, sentía miedo cuando pasábamos por una parte donde estaba un poco despoblado, pero a pesar de ello esto no representaba inseguridad ninguna en comparación con la de los tiempos presentes, donde si te descuidas se roban hasta tu sombra o te atropella un conductor fantasma. Apretaba con mi mano infante la mano de mamá que representaba para mí una gran armadura, cerraba mis ojos y con mi corazón palpitante como un tamborcillo, reposaba confiada en que estaba protegida por alguien más grande que yo, hasta que al fin se terminaba ese trocito de cuadra que para mí era un kilómetro y se hacía la luz llevándose cualquier imagen monstruosa del “coco”.

Ha habido varios momentos de mi vida en los cuales el miedo me ha visitado, en algunos más intenso y sofocante y en otros instantes rápido y hasta excitante. Pero allí siempre ha estado el miedo. Si me has llegado a leer, de mis anteriores escritos he hecho mención de uno de los momentos de mi vida en los cuales el miedo llego incluso a ser un acompañante cotidiano cuando pase por el proceso biológico del cáncer de mamá. Wow aún recuerdo los corrientazos en el cuerpo y el sudor frio que me recorría la espalda cada vez que me tocaba ir de paseo a mis citas de control con los especialistas ¡por Dios!, cuando se viven estas historias que mueven el “esqueleto” y sacuden las vísceras, el miedo te da la cara y al estar de frente a la muerte sea la situación que fuere solo queda dos opciones: te paralizas y te consumes o lo entiendes, lo haces tú amigo y le das un nuevo significado.

El miedo es una de nuestras emociones más potentes; como mentora en Salud Mental y acompañante en el desarrollo del potencial y crecimiento personal, no me atrevería a decir que el miedo es malo o perjudicial para el ser humano totalmente. La otra cara del miedo evidencia que está allí para protegerte o advertirte de algo que es una gran amenaza para la vida, de lo contrario si no se sintiera miedo la persona podría clasificarse en una psicopatía y aún allí nadie esta exento de no sentir tal emoción sea en menor o mayor grado, pero que esta… esta. Sin embargo qué sucede cuando el miedo llega a niveles tan extremadamente altos que puede bloquearte, paralizarte y superar tu razón?…Esto me hace traer a colación un recuerdo de mi adolescencia, cuando mi madre sufrió un accidente que por poco le arrebata la vida hace muchos años en la ciudad de Cali al ser arrollada por un taxi sin frenos, paralelo al momento yo estando en la antigua casa de bareque de la abuela y al enterarme de la noticia, me fui silenciosamente hacia

un rincón de la habitación que compartía en ese entonces con mamá y sentía como el mundo se me vino encima y las paredes me aplastaban, por un instante creí que me iba a quedar sola, ya que no tuve la oportunidad de crecer con papá y entonces que pasaría conmigo si mamá partía, este fue un momento en que también el miedo se apodero de mí y lo único que pude hacer fue dejar que pasará.

Más allá del ejemplo de estas vivencias, es una oportunidad para describir que la aparición del miedo no se da porque sí; trascendiendo el sentir y la emoción, la respuesta hacia algo que pone en riesgo la vida, se registra en una parte muy importante de nuestro cerebro que se llama la amígdala, la cual está siempre como un radar, identificando peligros reales o imaginarios; frente a algo que pone en supervivencia al individuo, es el sistema nervioso autónomo que está a cargo de respuestas inconscientes y empieza a elaborar reacciones que en segundos generan una superproducción de bioquímicos como el cortisol y la adrenalina. Recuerdo cuando recibí el examen de la biopsia de algunos de los ganglios, que fueron extraídos de mi axila izquierda y el resultado describía que en un 90‰ había un riesgo de metástasis. Aunque no observe mi rostro, mi cuerpo se sintió  desplomarse, allí estaba yo sin fuerzas y en mis dialogos con Dios le pregunte ;bueno y ahora que toca, cuál es el siguiente paso a dar, a partir de allí hice de la oración mi gran herramienta de terapia y sanidad, de auto observación y análisis interno, día a día le agradecía a mi cuerpo y a mis células y repetía en voz alta una porción de la Biblia que se convirtió en mi patrón de poder y esta en Jeremías 33:6 ;He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad;.

Alguna vez durante el examen de gamagrafía osea y al estar inmóvil mientras reposaba dentro de una gran cápsula que me bombardea con luces, respiraba profundo y despacio, me imagine frente a un escenario lleno de muchas personas hablándoles sobre mi experiencia y escribiendo acerca de lo especial que había significado para mí la vivencia del cáncer de mama y fijate que grande es Dios, hoy tengo la oportunidad de escribirte, de hablarte, de darte un opinión desde el amor pero con mucho respeto, de lo que es pasar por una situación que le da un vuelco total a la vida a nivel espiritual, mental, emocional y físico. Me dí a la tarea de descubrir que hay más allá del miedo. Lo más seguro que te puedo decir sin ir en contra de la postura espiritual que elijas es que de la mano de Dios todo lo bueno es posible.

Jhormen Lorena Orejuela Mera. Psicóloga Especialista en Adicciones y Coach

profesional del Neuroscience Institute of Miami Florida. Conductora del programa

online Integrar y Ser de Proclama Radio. Psicóloga y Coach de vida en Clínica

Viva Medicina Integral.