Por favor no mires mis pechos, mejor mira mis ojos.

jhromen

A todos ustedes mis ciberlectores agradezco su gran apoyo al leerme; en la pasada edición compartí mi primer artículo por este medio y varias personas me expresaron en la calle hermosos mensajes, igualmente lo hice visible en mi cuenta de Facebook y algunos de mis contactos lo compartieron, estoy agradecida por toda esta maravilla. Espero mis mensajes sean para bien, porque la verdad lo hago desde el corazón pero con todo el respeto.
Pensé en algunos temas que me sirvieran como inspiración para escribir y que precisamente tuvieran una relación con el homenaje a la Mujer por lo de la fecha del 8 marzo y bueno, decidí manifestar a través de estas líneas, cómo se puede llegar a impactar la autoestima de una persona cuando pasa por un proceso tan especial como es la reconstrucción de su pecho por un cáncer (ca) de mama.
La verdad siempre me sentí a gusto con una de las partes que más me había encantado de mi aspecto físico “mis pechos”, pero creo que una mujer no tiene planeado en su vida, estar preparada para una situación en la cual su cuerpo se vea sometido a un cambio de forma radical por un cáncer. Recuerdo ahora con tranquilidad aquel momento en el cual estaba en la sala de recuperación después de una larga cirugía, al pasar el efecto de la anestesia, no me atrevía a mirar que había ocurrido con mi seno izquierdo, me llene de valor y respire profundo, entonces fue cuando vi como esta zona estaba totalmente cubierta de manera cuidadosamente especial y tenía un letrero escrito “No mojar”, me aterre en ese instante no tanto por el mensaje, sino porque mi seno en comparación con el otro en su tamaño había variado considerablemente. Por segundos una sensación de desesperanza y melancolía me invadió, solo pude exclamar a Dios que me diera fortaleza.
Pasadas unas semanas ya en casa, confieso, evitaba mirarme al espejo porque sentía que no estaba preparada para ello; después de la primera visita de control con el cirujano plástico fue entonces cuando decidí afrontar mi realidad y pararme frente al espejo, al observar mi torso desnudo, mi cuerpo tembloroso dejo escapar un gran suspiro que termino en sollozo y me di consuelo donde me prometí algo que nunca me lo había llegado a decir en otro tiempo: ¡Prometo cuidar de mí y aprenderme a amar!. Selle esta exclamación con un descanso en mi alma y las mejillas pálidas de lágrimas, pero estas lagrimas eran como una lluvia de sanidad sobre mi rostro.

Continúe mis controles con el especialista quien se encargó de reconstruir mi pecho izquierdo con partecita de un colgajo de mi espalda, con cada visita corroboraba algo y es que cuando uno va sanando espiritual y emocionalmente el cuerpo también va evolucionando a la par y ni qué decir del estado anímico.  Me animaba mucho al escuchar como el especialista me hacía comentarios tan positivos acerca de cómo tenía una buena evolución mi nuevo seno, fue tan maravilloso sentir como este se acoplaba de forma estupenda a pesar de haber sido modificado y aunque con unas grandes cicatrices, mi piel se tornaba elástica, de buen color e hidratada. Sentía como mi cuerpo se transformaba en sentido benéfico desde dentro hacia fuera.
Decidí entonces así mismo enfrentar el salir a caminar sola inicialmente trayectos cortos, usando camisones para que la diferencia de tamaño de mis pechos pasara desapercibida a las miradas indiscretas de algunas personas que se habían enterado de lo que me había pasado, no lo niego, hubo momentos en que me vi tentada a decirle a los curiosos (hombres y mujeres)“Por favor no mires mis pechos, mejor mira mis ojos”, después entendí que el único ser que debía seguir cambiando era yo y que esta sería una gran oportunidad para aprenderme a aceptar y valorarme.

De este suceso que cambio mi vida de forma positiva ya hace más de 2 años, me quedan hermosas enseñanzas, he aprendido que las grandes cicatrices que llevo hoy en mi pecho y espalda no son una señal de complejo sino un símbolo de renacer y avanzar, sé que no es fácil para la autoestima recuperarse del impacto que una situación de cáncer representa, pero lo que sí puedo asegurar es que hoy me siento mucho más mujer y aún más femenina que antes, qué las modificaciones que haya experimentado mi cuerpo no me restan sino todo lo contrario, me suman el continuar madurando y haciéndome cargo de aprender a ser feliz y autentica.
Precisamente mi mensaje se trata de poder honrar a todas las mujeres del planeta, ¡aprender a ser felices y auténticas!, no hay que añorar el cuerpo o el poder que tiene la otra, aprende a saber disfrutar de tu instante de vida en este mundo, amarse es salud y salud en felicidad. Finalmente, muchas gracias y un abrazo desde mi alma. Respeto y amor para todas las mujeres, las del pasado, las del presente y las del futuro.

Jhormen Lorena Orejuela Mera
Psicóloga, Especialista en adicciones, Coach profesional con énfasis en Neurosciencias.