Runners, ¿a qué le huyen?

De un momento a otro las maratones 5k, 7k, 10k, 21k o lo-que-sea-k han reventado en nuestro país con asistencias masivas en las ciudades. Correr y trotar en la calle, o conocido por su nombre más pomposo, el running, se ha convertido en el deporte de moda. Pero más que una actividad física, correr se ha vuelto una religión, una forma de elevar el espíritu y conseguir consuelo en esta cruel vida moderna.

En un evento en el que participan unas cinco mil personas en una vía megatransitada, las opciones de competir son realmente mínimas. Desde la antigüedad, los “atletes” (por el vocablo griego) se definían como una “persona que compite en una prueba determinada por un premio” en una actividad –el atletismo– considerada como el arte de superar el rendimiento de los adversarios en velocidad o en resistencia. Pero al running urbano le queda poco o nada de eso. Primera paradoja. En el running, a diferencia del atletismo, nadie dice tener pretensiones de pasar al otro. La competencia es con uno mismo. Siendo así, quienes van caminando en los primeros metros y están a punto de tirar la toalla, ¿perdieron contra ellos mismos?

Según una encuesta de la empresa Tendencias Digitales realizada a 1.200 corredores, en América Latina los colombianos son los que más corren. El promedio es de 44 kilómetros semanales y en el resto de la región latinoamericana es de 34. Un corredor puede participar, en promedio, en diez carreras al año. Competiciones que crecen tanto como sus concursantes. A lo largo y ancho del territorio colombiano puede haber, al año, más de 100 carreras. Hay carrera de Avianca, Ergofitness, Cartoon Network, Bodytech, Nike, New Balance, Color Run, Media Maratón de Bogotá, Carrera de la Mujer, Carrera por la Policía… ¿qué sigue? ¿Un partido político? ¿Una nueva religión?

Cuando investigué sobre el asunto en la página web Colombia Corre aparecía en el encabezado una frase motivacional: “Sin importar qué tan rápido o qué tan despacio lo hagas, cuando cruces la línea de meta tu vida cambiará para siempre”. Terminé los 10k en 49 minutos, insolado, con una ampolla, una medalla por ocupar el puesto tresmilquinientos (o algo así), y mi vida no cambió en lo absoluto. El lunes me toca madrugar al trabajo.